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Hay que ser más buenos en Navidad.

Eso es lo que siempre nos dice la sociedad.

Entonces yo me pregunto: Pero, ¿y el resto de año, qué pasa? ¿No hay que ser buenos?

Este es mi segundo artículo para el Blog del fracasólogo y encuentro que es difícil hablar de fracasos en Navidad. Pero intentaré hacerlo lo más delicadamente posible.

Cuando se acercan estos días de fiesta, de celebraciones, fechas destacadas, cualquier evento importante para nosotros o para nuestra familia, se intensifica en nuestro interior esa sensación de estar viviendo una situación difícil.

¡Lo sé por experiencia!

Cuando empecé a escribir este blog, haciendo una reflexión íntima y profunda sobre estas fechas tan maravillosas, me vino a la memoria la Navidad más dura que he vivido. Lo explico muy brevemente en mi primer libro, Diario de una quiebra.

Era la Navidad del 2003. Acabábamos de montar la empresa Casa Modena. Habíamos gastado todo el dinero en la inversión y ya en esa época nos encontrábamos al borde de la quiebra. No teníamos clientes, no teníamos ventas, habíamos acabado el dinero de la caja y pensábamos que todo estaba perdido.

La mañana de Nochevieja me dediqué a llamar a los pocos clientes que teníamos para ver si querían pizzas. Nos encontrábamos tan necesitados de dinero que estábamos dispuestos a llevar pequeños pedidos por la posibilidad de cobrarlos.

Como me podía imaginar, unas pocas carnicerías pidieron. Así que, mi padre y yo nos dividimos la ruta y después de comer salimos a repartir. Yo con la furgoneta y mi padre con el coche. Esta es una práctica que no se puede hacer ya que no se entrega un producto refrigerado con un vehículo particular sin dispositivo de refrigeración pero, cuando estás con el agua al cuello, la necesidad y la creatividad se te disparan.

Recuerdo que hice una ruta de casi ciento cincuenta kilómetros, desde Gerona hacia el norte de la Costa Brava, solo para entregar unas pocas cajas de nuestro producto. Llegué a casa con una recaudación inferior a cincuenta euros. Poca, ínfima, si tenemos en cuenta todos esos kilómetros, pero en nuestra situación era un tesoro. Mi padre hizo la ruta contraria, de Gerona hacia el sur, con igual o inferior recaudación. Pero todo euro es bueno cuando no tienes nada.

Mi madre se llevó la peor parte de esta historia. Después de comer en la oficina, se fue a hacer la compra de Navidad a la carnicería de confianza, Josep Deulofeu, amigo y cliente de pizzas.

Como ya he dicho anteriormente, la necesidad potencia la creatividad y mi madre siempre ha sido una persona extremadamente creativa. Así que, para no pedir dinero de las cajas ya muy secas, recolectó todas las monedillas que teníamos en la oficina, en los coches y en casa. Con la recaudación, se fue a comprar. De una forma muy natural entró en la carnicería, hizo la cola y, cuando llegó su turno, hizo un pedido reducido  pero estudiado con mucho amor. Cuando se acercó a la caja, mi madre dio su golpe maestro:

– Josep – dijo-, ¿te va bien que te pague con monedas? Así tienes cambio…

El buen hombre, ante la pregunta y con las monedas ya desparramadas en la mesa, no pudo decir que no.

Ese año mi madre, con su amor y creatividad, consiguió que no pensáramos en nuestra situación económica y que, igualmente, aquel fuese un momento maravilloso.

Estas situaciones nos hacen entender lo que es realmente importante en la vida. No son los regalos de ultima generación, no es tener en la mesa caviar o paté, no lo son todas esas luciérnagas que nos propone la sociedad. Es mucho más sencillo: es estar en compañía, es estar con los que quieres, son los valores más puros y profundos que tenemos para nuestros seres queridos, es… simplemente estar. En esta Navidad tan complicada, estar ya es mucho y yo doy gracias por ello cada día.

En estas fechas me acuerdo de esa anécdota de mi madre que siempre llevaré conmigo y que me recuerda la auténtica esencia de estas fiestas. Cada vez que lo pienso me emociono pensando en ella, en todo lo que tuvo que pasar y en cuánto la quiero.

Si tienes la GRANDÍSIMA suerte de tener a tu madre, ¿qué es lo que esta Navidad le haría de verdad feliz? ¿Cuál sería el regalo, el detalle, la sorpresa que le devolvería ese brillo en los ojos que hace tanto que no ves? ¿Qué es lo que nunca has dicho a tu madre y que aún estas a tiempo de decirle?

Ese… ese regalo es el que realmente vale, esa emoción compartida que no encontrarás en un supermercado ni en una joyería, sino en lo profundo de tu corazón, que sepa que para ti fue algo mágico, un valor que te ha transmitido desde el ejemplo, un pensamiento compartido, el recuerdo imborrable de un viaje, una fiesta, un abrazo…¡Esta!… Esta es, para mí, la esencia de las Navidades.

Para concluir, después de esa Navidad tan dura, en febrero 2004, se dispararon las ventas. Así que, me gustaría decirte que si estás en una situación similar:

El momento más oscuro es justo el que viene antes del amanecer.

Y si tienes, como yo, a tu madre, entonces ya tenemos el mejor regalo que nos podía hacer la vida: pasar otra Navidad con ella.

Buon Natale a té e alla tua famiglia. Feliz Navidad a ti y a tu familia.

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